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viernes, 17 de mayo de 2013

LA CASA ES LA MONTAÑA: UN PROYECTO EN JAPÓN DE EASTERN DESING OFFICE.




Este edificio acoge las oficinas de una prestigiosa marca de zapatillas japonesas, Dragon Beard, y también, una vivienda. Se ubica en un exclusivo barrio residencial de Takarazuka, Japón, lo que ofrece una privilegiada perspectiva de la bahía de Osaka. Los arquitectos de Eastern Design Office la han dotado de elegantes y futuristas formas para, precisamente, diluirla en la montaña.


La casa, proyectada por el equipo de arquitectos Eastern Design Office, se ha construido en la ladera de una colina a 330 metros de altitud, en una pendiente de 18 grados de inclinación. Ello facilita que la diferencia entre los diferentes niveles de la casa sea de 8 metros. De ella dicen sus arquitectos, “ésta es una pendiente en la cual la arquitectura se diluye. La arquitectura de la casa es la montaña”. El objetivo era dar forma a la montaña estructuralmente, que las personas que habitan la casa sintieran el flujo ininterrumpido de las curvas que definen la montaña. En esta “pérdida de la topografía”, la arquitectura no se asienta en un sitio donde se ha aplanado la pendiente. Al contrario, el ángulo de la pendiente se incrementa gracias a dos montículos entre los que se ha construido un espacio vivo.





En el caso del segundo objetivo, los arquitectos han planificado el piso superior, el que alberga las oficinas de la marca Dragon Beard, en forma de ondas para “flotar” por encima de las montañas y el paisaje. Una terraza de 18 metros de largo permite observar el mar y una cadena de montañas que se encuentran a 60 km de distancia. Al estar de pie en la terraza, la intención de los arquitectos era conseguir la sensación de estar en una cubierta de un barco. Ello permite observar todo el skyline del Golfo de Osaka, el puerto de Kobe, el aeropuerto de Kansai, el aeropuerto de Itami y una amplia perspectiva de sus montañas. Ello es posible gracias a al aprovechamiento de la inclinación original de la parcela, que definía un ángulo de 18 grados.


Aprovechando la propia pendiente, los arquitectos han podido aprovechar el calor de la tierra y obtener la sensación de que la casa “vuela como un pájaro”. Todas las partes del edificio están cerca de la tierra. Para aprovechar la geotermia del terreno, a la planta baja que acoge la vivienda se le ha dado un tratamiento más privado, por lo que gracias al desnivel constructivo, de ocho metros de altura (más alto que un edificio de dos pisos), ésta resulta invisible desde el acceso por la carretera superior. Esta planta está apoyada en una capa de roca de 1,5 metros por debajo de la superficie del suelo.